Recuerdos del mercado negro tras la II Guerra Mundial
Esta es una traduccion de la historia Erinnerungen an die Schwarzmarktzeit nach Beendigung des 2. Weltkrieges
Autor: Horst Hommel
Mi padre había huido de su cautiverio en Buxtehude, cerca de Hamburgo, y vino con nosotros a Wilhelmshaven tras haber pasado un intrépido recorrido en bicicleta. Él se adaptó rápidamente a aquella vida.
A partir de entonces el mayor problema para nosotros fue tener lo suficiente para comer. Los cupones de racionamiento no nos ayudaban mucho ya que muchos de los productos tampoco estaban disponibles o los suministros escaseaban.
Para sobrevivir tuvimos que implicarnos en el mercado negro, ¡que estaba prohibido y penado!
El llamado mercado negro de los agricultores en la región de Frisia oriental podía funcionar satisfactoriamente si se tenía té para comerciar. ¡El té negro sigue siendo la bebida más popular de la región! Mi padre había descubierto un sitio en Hamburgo donde el té negro se podía cambiar por madera. Como mi padre tenía localizada madera procedente de un astillero naval, la transportaba en camión hasta Hamburgo.
Una vez cuando tenía once años, nos fuimos mi padre y yo, vestidos de forma discreta en tren a Hamburgo. Allí adquirimos varios kilos de té negro.
Separamos el té en pequeñas porciones y las escondimos en las bolsas de aire de los chalecos salvavidas y las colocamos debajo de nuestros abrigos. Vestidos con toda esa carga, cogimos el tren de vuelta a Wilhelmshaven pasando inadvertidos por todos los controles. Allí, mis padres hicieron paquetes de 30 a 50 gramos y las escondimos en los marcos de las puertas del apartamento en alquiler que nos había sido asignado después de haber sido bombardeados por segunda vez. Ahora podíamos intercambiar las hojas de té por toda clase de provisiones (pan, salchichas, huevos, mantequilla, beicon y algo de carne) que podíamos obtener de los granjeros de la región Frisia oriental. De esta forma, se iba en una vieja bicicleta a ofrecer a los granjeros 30 gramos de té a cambio de otros productos. Este negocio funcionó muy bien y nos permitió mejorar nuestras vidas considerablemente en Hamburgo y la de nuestros compañeros de piso ya que ninguno reveló nuestro secreto.
El mercado negro se convirtió en la base de intercambio para todos los artículos tales como cámaras, relojes, joyería, cigarros, y también armas como pistolas y navajas.
Al término de la guerra presencié una escena en la que unos oficiales alemanes tiraban un paquete en una zanja.
Algunas semanas después fui a ver si estaba todavía allí y logré sacarlo. Bien envuelto en un papel impregnado de aceite, encontré cuatro pistolas Walter.
Saqué una de ellas y escondí el resto en la zanja.
Algún tiempo más tarde se supo que las fuerzas de ocupación inglesas solían conseguir armamento alemán de buena calidad.
Mi padre ofreció a los oficiales ingleses esta pistola y consiguió cantidades bastante buenas de cigarros, chocolate y otros alimentos. Después los oficiales preguntaron si teníamos más y sacamos de su escondite las otras armas que quedaban. La entrega se llevó a cabo sin problemas y de esta forma nuestras provisiones estuvieron aseguradas.
El mercado negro estaba fundamentalmente en las ciudades y supuso un paso necesario para la supervivencia y que nos hizo salir de la miseria.
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